viernes, 14 de septiembre de 2012


Después de los hechos recién anunciados, vendrá rápidamente el final y no se menciona nada más, antes de la aparición de Cristo a juzgar al mundo. Este será el gran día: el Juez, el Señor Jesucristo, entonces vestido en majestad y terror. Las personas que serán juzgadas son los muertos, pequeños y grandes; jóvenes y viejos; altos y bajos; ricos y pobres. Nadie es tan vil que no tenga talentos de los cuales debe rendir cuentas; y nadie es tan grande que pueda eludir la rendición de cuentas. No sólo los que estén vivos cuando venga Cristo, sino todos los muertos. Hay un libro de memorias para el bien y el mal; y el libro de la conciencia de los pecadores, aunque antes secreto, entonces será abierto. Cada hombre recordará todos sus actos pasados, aunque muchos los hayan olvidado hace largo tiempo. Otro libro será abierto, el libro de las Escrituras, la regla de vida; representa el conocimiento del Señor sobre su pueblo y sus declaraciones del arrepentimiento, la fe y las buenas obras de ellos; mostrando las bendiciones del nuevo pacto. Los hombres serán justificados o condenados por sus obras; él probará sus principios por sus prácticas. Los justificados y absueltos por el evangelio serán justificados y absueltos por el Juez y entrarán a la vida eterna, no teniendo que temer más la muerte, el infierno o a los hombres malos, porque ellos serán destruidos todos juntos. Esta es la segunda muerte, la separación final de los pecadores de Dios. Que sea nuestro gran afán ver si nuestras Biblias nos justifican o condenan ahora; porque Cristo juzgará los secretos de todos los hombres conforme al evangelio. ¿Quién habitará con las llamas devoradoras?

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